Psicoturismo

Descripción :: guía de profesionales




Psicoturismo: con este neologismo podemos referirnos tanto a hacer turismo por nuestra psique -viaje interior- así como tratar de ver qué le pasa a nuestra psique cuando hacemos turismo -viaje exterior-. O ambas cosas a la vez. Por empezar, de dónde vienen los turistas y adónde van son preguntas que pueden interesar a los sociólogos, pero una eventual psicología del turismo podría tratar acerca de la relación que el turista -efectivo o potencial- tiene con su vida en ese misterioso acto de irse y volver como motivación principal. Porque el turista es un ser muy especial, cuya rareza reside en que es una persona que viene de un lugar de donde se quiere ir, pero a donde quiere volver. No es algo muy lógico, aunque quizás sí poético: un turista es alguien que se va con el gran objetivo de poder volver. Volver a ese sitio de responsabilidades y acosos, deberes y maltratos que tanto repudia pero al que ni sueña en abandonar.

En general, el cuento que el turista se hace en este sentido, y al que cree a pie juntillas, es que hace cientos de kilómetros desde el lugar donde se "cansa" con el fin de "descansar" en otro sitio: el turista se toma a sí mismo como un depósito al que, una vez colmado de cansancio puede vaciársele, reemplazando el viejo contenido por energía. Es una metáfora útil por lo sencilla -y que se viene usando desde Freud-, pero que no refleja lo que le ocurre a un ser vivo, a un sistema. A un sistema, dice la cibernética, siempre le pasan cosas: si ha de mantenerse organizado como tal le deben pasar cosas para mantenerse informado respecto de su entorno, y a su entorno, como también es un sistema, le pasa algo análogo con los organismos que en él viven. En el caso especial del turista, podemos decir que hacer turismo no es exactamente venir a descansar sino que consiste en cansarse de otra manera. Y esto es así, sencillamente, porque la diferencia entre las dos formas de cansancio le brindan la información necesaria respecto de su relación con el entorno habitual. Lo que sucede es que la novedad de que puede cansarse de otras formas es tomado como una fuente de información -y por lo tanto de vida- de valor inapreciable. Es lo mismo que le ocurre a aquel que "sufre" y se "amarga" en una cancha de fútbol, reemplazando las presiones negativas de la vida por otras y gozando de la diferencia. Del mismo modo, el turista busca reemplazar la rutina de su vida diaria por un rito de renacimiento que suele tener como gran protagonista, a las rutas: rutina, rito y ruta son palabras que tienen el mismo origen y todas significan "camino". Reemplazar a la "rutina" (o rutita, caminito) por la gran vía de escape -la ruta propiamente dicha- que lo llevará a cambiar de ritos, de rutas. Pero existe otro aspecto del turismo que no es menos interesante: el turista, en ese viaje de renacimiento, de nuevo parto renovado cada año, revive su vida infantil: sin responsabilidades, sin trabajo y de pantalones cortos, viviendo de una plata que, mágicamente, surge de una inagotable mamá-billetera. Y hasta el simple acto de tirarse panza arriba en la arena o en la hierba tiene ese fuerte componente regresivo de estar más cerca del suelo, como cuando se era chico y uno se revolcaba feliz en la "mugre" sin tantos problemas ni historias. Por eso los turistas tienen ese inevitable halo de inocencia en sus rostros: no parecen haber sido culpables de nada y esto porque en el acto turístico se renueva el pacto del Hombre con su entorno. Ambos se dan una nueva chance, y esto no es un hecho menor: estamos hablando de un redescubrimiento de la Naturaleza como entidad redentora. Parafraseando a Federico Engels: la Naturaleza es una categoría cultural y al francés Edgar Morin: "El Hombre es cultural por Naturaleza y natural por cultura". Con estas sentencias, tratemos de explicar la propuesta: el turismo es una nueva forma de relacionar al Hombre y su cultura con su medio, y muy bien podría aprovecharse al turismo en este sentido. Porque no se trata simplemente de "cambiar de aire", se trata de cambiarse a sí mismo, lo que no es poco.



Escrito por Horacio Ramírez
 

Despertar Espiritual - Todos los derechos reservados 2008

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