MANDALAS

Descripcion :: guia de profesionales

 
El mandala -círculo sagrado, símbolo de sanación y totalidad- ha sido usado desde tiempos antiquísimos hasta nuestros días por las tradiciones espirituales de todo el mundo. Caminar, danzar, contemplar, dibujar y pintar mandalas puede ayudar a curar la sensación de fragmentación psíquica y espiritual, a manifestar la creatividad y a reconectarnos con nuestro Ser esencial.
Psicológicamente, los mandalas representan la totalidad de nuestro ser.
Cada persona responde a ellos instintivamente, más allá de su edad, género, raza, cultura, etc. Internarse en el mundo de los mandalas se asemeja a un viaje hacia nuestra esencia, permitiéndonos ver zonas del camino hasta entonces desconocidas, y que brote la sabiduría de nuestro interior. Nos ayuda a centrarnos cuando estamos dispersos o perdidos y a encontrar la calma en medio de las tormentas.
Los diseños de los mandalas varían, pueden ser muy simples o extremadamente complejos, pero siempre mantienen similares características: un centro, puntos cardinales que pueden ser contenidos dentro de un círculo y cierta simetría. Fueron y son usados por Maestros espirituales, chamanes y sanadores, como fuente de sabiduría y forma de meditación.

Beneficios psico-espirituales del trabajo con mandalas

La meditación activa que realizamos a través de los mandalas nos abre las puertas al jardín del alma individual y el contacto con el espíritu universal. Propicia el autoconocimiento, la auto-expresión y la curación de la fragmentación. En los tiempos de crisis en que vivimos nos permite hacer centro en nosotros mismos y expandir nuestra conciencia desde el mundo de lo separado y sin sentido al reino de la totalidad y la interrelación.
Así es cómo empiezan a brotar ciertas cualidades y actitudes que nos llevan a vivir mejor. A medida que trabajamos con los mandalas, podemos sentir cómo crece la paciencia en nosotros y disfrutar por esa semilla de paz que estamos sembrando en la conciencia de la humanidad. La paciencia es el arte de aceptar que hay un momento para cada cosa y que cada proceso tiene su propio tiempo de desenvolvimiento; que no ayudamos a nacer a una mariposa si rompemos su crisálida antes del tiempo que necesita para su maduración ni favorecemos el equilibrio de nuestro trabajo si lo hacemos con urgencia y tiempos fijos.

Otra cualidad que se va desarrollando es nuestra capacidad de asombro, de ver cada instante con ojos nuevos y disfrutar así la vida más plenamente.
También cultivamos una actitud de aceptación, con curiosidad ante el cariz que va tomando la obra que tenemos ante nosotros. Intentamos dejar de lado los juicios automáticos a los que somos tan propensos, esa cruel crítica con la que solemos desalentarnos a nosotros mismos. Y desarrollar una actitud de desapego dejando libre, soltando, cualquier pensamiento, emoción o deseo que intente apoderarse de nuestra mente.
Sostenemos nuestra atención en el mandala como un ancla que nos ayuda a mantenernos en el momento presente y nos miramos con amor, bondad y reverencia por lo que somos y por lo que somos capaces de hacer.
A medida que estas cualidades crecen en nuestro corazón, facilitamos que se fortalezcan en la conciencia de muchas más personas.

 

Despertar Espiritual - Todos los derechos reservados 2008

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